Copos de Avena #2

Copos de Avena

Preparó los alicates, la sierra, el gato, la lima… su taller estaba dispuesto para recibir la materia prima. “… tu ropa se queda en esta parte de la casa”.

|Miguel A. Hudson|

¿Voy a morir? “Esa es una pregunta que yo no puedo contestarte, depende en gran medida de lo que opines de la muerte, aunque del mismo modo, también esta relacionado con lo que opines de la vida. Me refiero a que tú misma acotas ambos conceptos, yo cumplo un papel más imparcial dentro ese perímetro, me ocupo de desmembrar la materia, de reducirte a un estado diferente. La contrapartida por semejante acto de caridad también requiere de una interpretación menos ortodoxa de la identidad, yo recibo de ti, lo que queda.”

Primero hay que morir. La abnegación produce extraños efectos en un alma valiente… el primer corte la devolvió a su prisión de plasma tibio. Los gritos se perdían en la inmensidad del campo; recordó sentirse muy sola, desnuda ante su agresor, entera a pesar de todo, dispuesta a morir sin miedo. Los instrumentos del artesano escarban el músculo con precisión meridiana, el sudor empapa las bragas de la víctima… 

Probablemente después se haría una paja. Primero la carne y después el género, una puerta al final de la escalera protege ahora su fantasía más obscena. Acaricia su miembro frente a la muchacha muerta. Se concentra en sus pechos aun frescos, no existe otra parte de su cuerpo, recibe satisfecho el impulso del sexo…y  esparce la semilla sobre su piel rasgada. ¿Usted que opina doctor? “Desde luego existe una necesidad de posesión absoluta por parte del asesino, anhelo que cristaliza en el lapso de intimidad final que sucede a la masturbación. No se trata de un sujeto carente de empatía, la ejecución del homicidio responde a sus pretensiones de poder, pero lo que sucede post mortem, trasciende el impulso sexual, requiere del afecto y la compasión que uno experimenta en un encuentro cercano.”

“… es curioso como una tarde se convierte en la última tan solo después de recordar que ya no hubo otra.” Su madre puso lavanda recién cortada encima de su mesa y abrió la ventana para dejar entrar el aire de la viña. La tormenta sorprendió incluso a los viejos del pueblo, que nunca habían visto tanta agua junta. Aprovecharon la calma para caminar juntos hasta la bodega. Se hicieron amigos en seguida, quizás por ser los más jóvenes, y compartir el mismo apetito por la vida. “Que lástima… hubiera llegado tan lejos… ”. Le entregó, envuelto en su camisa de cuadros, un racimo hermoso de uvas, que comieron juntos, mirando las nubes de tierra.



©2016 Miguel A. Hudson (edited by SOJASTUDIOS™). All rights are reserved | Esther-G (ULTRAMODELS) | Juan Carlos Poveda (Photography Assistant) | Special thanks to Oruga S.A. (Ecological Agriculture).

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